Salimos de Vigo para coger la Senda del Agua, tela hasta que llegamos a la parte alta, sube sube y vuelve a subir. Empezábamos bien el día. Nos despedíamos del mar, con vistas a la ría de Vigo para adentrarnos ya en los montes.
Nos costó llegar hasta arriba mucho tiempo, la mayoría a pata. Pero que bonito, a mi esto ya me gustaba más, la montaña en todo su esplendor. Esto si es el camino para mi. Se sufre más pero el entorno es inigualable.
Ya por aquí mucho caminante, se nota que quedan unos 100 km para llegar a Santiago, Y también nos cruzamos con varias grupetas de ciclistas, claro era Sábado y la gente de la zona sale a disfrutar de los caminos. Al terminar la senda del agua tocó bajar hasta Redondela, sin ninguna complicación, donde nos detuvimos a comer algo porque el desayuno lo teníamos hoy ya en los pies, jajajaja Así que en una terraza nos sentamos e hicimos nuestra primera parada del día.
Seguimos dando pedales, cuesta arriba para salir de este pueblo, y más cuesta arriba hasta alcanzar un descansadero donde nos mojamos las cabezas en una fuente y nos volvimos a sentar en un banco bajo la sombra de los árboles. Hacía mucho calor, el sol pegaba muy fuerte.
Continuos subes y bajas nos ponían a prueba, y sobre todo un tramo de mucha piedra grande, donde tuvimos que caminar por un tiempo.
Y un poco antes de llegar a Pontevedra nos detuvimos a comer algo nuevamente, ya se nos echaban encima los kilómetros y las horas. Aunque yo hoy me encontraba ya mucho mejor, ahora era Isabel la que más cansada estaba y a la que más la costaba seguir.
Atravesamos Pontevedra, y proseguimos el camino acompañados de muchos peregrinos, los vas adelantando sin problemas, la convivencia entre ellos y las bicis es buena, en el camino hay sitio para todos. No sabes donde estás, solo ves montaña, bosque, de vez en cuando algún pueblecito. Pero que bonito es todo, que agradecido es. Te llevas un recuerdo de paisajes que no los vas a olvidar, y eso es lo que queda finalmente. Y sobre todo la satisfacción de haberlo conseguido.
Los últimos kilómetros se hacían eternos, cuando te queda poco par el destino del día parece que no llegas nunca, pero claro que llegas, más tarde o más temprano, lo has logrado. Otros 58 kilómetros más a la saca, nuestro destino final estaba ya muy muy cerca. Lo íbamos a lograr!
Era tal el desgaste físico que teníamos ya, que no salimos a ver ni el pueblo, este Hotel tenía restaurante y decidimos quedarnos en la habitación descansando y bajar a cenar ahí.
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